Ya es hora, por el bien de Venezuela

Opositores del régimen de Nicolás Maduro protestando en las calles.

Por Eddy Montilla.

Si la eficiencia de una gestión presidencial se juzgara en función de sus resultados prácticos, la administración del presidente Nicolás Maduro en Venezuela muy bien podría ser resumida en una sola palabra: impracticable.

Según el Fondo Monetario Internacional, la inflación de los precios de consumo en ese país sudamericano para este año es del 720.5 % y, puesto que galopa como un caballo salvaje, se prevé que ronde el 2000 % para el 2018 de mantener su tendencia alcista. Solo calcular cuánto tendrá que pagar un venezolano por el mismo producto el año que viene es suficiente para tener jaqueca. Claro está, para ello necesitará la suerte de encontrarlo primero, tarea titánica a juzgar por los anaqueles vacíos de los supermercados y luego la suerte de contar con el dinero, el cual se vuelve cada vez más difícil de obtener.

La crisis económica y de productos en la que está sumergido el país resulta sorprendente, pero no es, a mi juicio, lo más trágico, sino la división interna de los venezolanos. Venezuela está dividida entre los que defienden la Revolución socialista bolivariana (más fieles a la imagen de un Hugo Chávez muerto que a la persona viviente de Maduro) y aquellos opositores, como el dirigente Henrique Capriles y sus millones de seguidores que ven al presidente Maduro como un dictador. Las constantes protestas desde marzo pasado, sus secuelas (41 muertos hasta el momento en que escribimos) y el caos imperante en esa nación llevan a una sola conclusión: ya es hora del presidente Nicolás Maduro de pasar el cetro a otra persona en forma democrática.

Partidarios del presidente Maduro dando su apoyo al Gobierno.

El mundo es libre y eso nos da libertad para pensar y actuar libremente. Si el presidente Maduro quiere continuar con su famosa “Revolución bolivariana” y otras cosas, no hay ninguna objeción. Pero que no cierre los ojos ante la realidad, y la realidad dice que Venezuela no ha mejorado como debiese durante su gestión, tal vez porque él está muy lejos de poder ser comparado con su predecesor: la gente respetaba o temía a Hugo Chávez; a Maduro, le tiran objetos. Chávez se las ingeniaba para resolver, maquillar u ocultar los problemas; Maduro, en cambio, parece querer resolver los suyos en forma mística: apariciones de Hugo Chávez en forma de pajarito o mariposa o hablándoles a las vacas.

Si en los próximos meses la situación política y económica no se vuelven favorables en Venezuela, pienso que lo mejor para ese país es un cambio, darle paso a una nueva administración democráticamente elegida. Desgraciadamente, si es difícil para un camello pasar por el ojo de una aguja, también lo es para un presidente desprenderse del poder una vez embriagado de este. La historia de Latinoamérica está llena de presidentes así y cuenta con pocos políticos juiciosos con capacidad de otorgamiento de poderes. El futuro dirá a qué grupo pertenece el presidente Nicolás Maduro.

Copyright 2017 Mundoyopinión.info. Todos los derechos están reservados.