Ciberataque mundial: ya es solo cuestión de tiempo

Por Eddy Montilla.

En materia tecnológica, de invención y descubrimiento, tal vez el ser humano tenga todavía un largo camino por recorrer, pero en lo que respecta a la conducta y pensamiento humanos, no hay, como dice el famoso proverbio, “nada nuevo bajo el sol”. Tal vez sea por eso que avanzamos mucho en lo primero y ya casi ni pensamos en lo segundo. Hemos digitalizado casi todo, hacemos girar nuestro trabajo en torno a un ordenador e Internet y, por otra parte, nos hemos olvidado de consejos tan importantes en la vida como el de “no poner todos los huevos en la misma canasta”, error que hemos cometido al volvernos completamente dependiente de los ordenadores y teléfonos inteligentes.

El paso de lo analógico a lo digital, del trabajo en papel al trabajo en la pantalla de un ordenador ahorra mucho tiempo y hace que nuestra vida sea más fácil. Sin embargo, el más reciente y grande ciberataque a escala mundial que, dicho sea de paso afectó a más de 100 000 organizaciones en unos 150 países, ha puesto de manifiesto la fragilidad de nuestro aparentemente seguro mundo digital y nos ha enseñado simultáneamente el otro lado de la moneda: estamos corriendo el riesgo de quedarnos sin presente y sin historia. El avance tecnológico va tan rápido que los canales de distribución de información y los medios de almacenamiento de datos cambian sus formatos periódicamente. Por ejemplo, hay muchas personas que todavía almacenan información en CD, DVD; otras optan por USB, discos portátiles y ya hay quienes se arriesgan a tener todo almacenado en la nube. Estos diferentes formatos han creado gradualmente una especie de torre de Babel que solo la computadora puede decodificar. Pero, ¿qué pasaría si en un momento determinado, por algún ataque cibernético los ordenadores perdieran la capacidad de lectura de nuestra información? Desde las fotos de la familia hasta las informaciones de pagos más importantes de una empresa, todo se esfumaría más rápidamente que un plato de galletas en frente de un par de niños con hambre después de llegar del colegio. Científicos y expertos en la materia como Eugene Karspersky nos han estado advirtiendo de este posible caos. No estamos, pues, delante de algo hipotético, sino posible.

Cada vez que los ladrones burlan un sistema de seguridad y logran entrar en las casas, se crea un nuevo sistema que les hace “su trabajo más difícil”, y así el ciclo se repite: por cada nueva forma de entrar que inventan los ladrones, aparece una nueva forma de seguridad. En materia de informática, por suerte, no es el ladrón (el pirata informático) el que va a la vanguardia, sino el sistema de seguridad. Eso nos da tiempo para poder protegernos mejor. No obstante, no significa que en el futuro la situación continuará siempre así. Es precisamente eso lo que ha hecho saltar las alarmas en torno a este tema, porque las consecuencias podrían ser realmente terribles. Después del ciberataque mundial, en Inglaterra y Escocia, por ejemplo, muchos hospitales no pudieron ofrecer sus servicios con normalidad al no poder usar correctamente su sistema de ordenadores. Como resultado, operaciones canceladas, tratamientos médicos sin poder realizarse y otros inconvenientes más.

Lo que antes parecía solo posible en la imaginación del director de la película Duro de matar 4.0 (la Jungla 4.0), Len Wiseman, cuando se hizo un ataque cibernético a las infraestructuras más importantes de Estados Unidos, hoy es algo que está más cerca que nunca de convertirse en algo real. Digamos, para repetir las palabras de Karspersky: “Es solo cuestión de tiempo”. Por eso, hay que buscar balance entre la sabiduría tecnológica y la sabiduría de la vida y no poner todos los huevos en una misma canasta. Eso quiere decir que hay que tomar medidas preventivas como guardar copias en papel de cosas importantes en vez de confiar todo al ordenador. Si es posible, tener un ordenador sin conexión a Internet, es decir, buscar doble forma de almacenamiento para no depender completamente de Internet ni de la computadora. Incluya también en esa misma tendencia la idea de almacenar algo de dinero en efectivo. De ese modo, podríamos estar más seguros contra cualquier eventualidad. Para los que estas recomendaciones les resultan un tanto exageradas o innecesarias, recuerden que la gente normal siempre se burla de los que se previenen, pero al final, cuando llegan los días de tormenta y con ellos los problemas de grandes magnitudes, son los que se previenen los que se mantienen a flote mientras que la gente normal se mueve en una sola dirección: hacia el fondo.

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