La ignorancia de los intelectuales modernos

Por Eddy Montilla.

Para que ustedes puedan entender la enorme diferencia que existe entre los grandes pensadores de antes y nuestros “intelectuales modernos” con todas sus maestrías, doctorados y docena de libros publicados, basta con recordar la respuesta de Diderot a Rousseau cuando este, muy turbado, le dijo que no sabía qué hacer.

”Observa lo que hacen los demás en el mismo caso, sin copiarlos. Y si cometes un error, ¡lo cometes a lo Rousseau!” Diderot animaba a su amigo a estudiar a los otros, pero sobre todo, a ser original. Y gracias a la presentación de sus propias ideas, nacieron El Contrato Social y El Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, obras en las que Rousseau dejó plasmado su pensamiento social y político que transformaron Francia y parte de Europa.

Según la intelectualidad moderna, según nuestros “genios modernos” la credibilidad viene de citar muchas fuentes, y es mejor que las referencias bibliográficas sean de años recientes. Así se les enseña a los estudiantes a escribir sus tesis de grado en las universidades hoy en día, así se escriben los libros y artículos en Internet, un fiel reflejo de lo degradado que estamos en términos de pensamiento. “¿Qué es más fácil, decirle a un enfermo tus pecados están perdonados o toma tu camilla y anda?” Dijo una vez Jesús. Y ahora, permítanme preguntarles: ¿qué es más fácil, llenar una página con todo lo que han dicho otras personas o rascarte la cabeza hasta poder escribir y presentar tus propias ideas?

En cuanto al uso de referencias bibliográficas recientes, me pregunto si existe algo en cualquier área del saber humano que no tenga como base los estudios anteriores, es decir, los estudios de los clásicos. Nada nuevo bajo sol, no hay ninguna novedad con la forma de estudio de hoy porque antes la credibilidad de lo escrito no la daban las fuentes, sino el escritor. Por esa razón, pasan los años y los grandes de ayer son también los grandes de hoy.

Cuando me pidieron escribir un trabajo sobre un tema social basado en estos actuales cánones de pensamiento y escritura, tomé el primer libro y su autor empezaba citando a otras personas, y abriendo los libros de esas otras personas noté que citaban a otras y así seguía el rosario de citas sin haber llegado el domingo de misa. Cerré los libros cuidadosamente, me levanté de mi asiento y me puse a pensar el porqué los escritores e intelectuales modernos, a pesar de lanzarse usando como catapultas las redes sociales y otros múltiples medios que Internet y ofrece, no llegan a hacer su propio espacio en la historia: es que la base de educación y de pensamiento actuales son frágiles y un tanto irreal. En ese mismo momento y bajo esas circunstancias, decliné la petición sobre escribir aquel trabajo, pues prefiero seguir leyendo los clásicos de ayer y creando mis propias ideas hoy para presentarlas mañana. ¿Y si me equivoco? Entonces, como dijo Diderot, me equivocaré a lo Rousseau.

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